LOS ÁCRATAS CHILENOS A COMIENZOS DEL SIGLO XX
Por Rafael Agustín Gumucio Rivas
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La historiografía clásica fascista o los olvidó o los vilipendió. El tratamiento de la historia de los anarquistas chilenos fluctúa entre el rechazo y la apología. Para Hernán Ramírez Necochea los libertarios constituían una fuerza ultraizquierdista, esencialmente reaccionaria. Posteriormente, matizó un poco su posición sosteniendo que muchos de los líderes del movimiento obrero se formaron en el movimiento anárquico. Marcelo Segall sostuvo el mito de la influencia de los excomuneros y de
El sueño despierto de la acracia
La utopía tiene varias acepciones en la historia: para Ernst Bloch el marxismo es la realización de la utopía completa, la conquista por parte del hombre de los horizontes de esperanza, la liberación de todas las enajenaciones capitalistas y la construcción de nuevos mundos justos y libres.
La acracia se niega a ser calificada como una utopía, pero en la realidad lo fue: quiso terminar con el Estado, la propiedad privada, la religión – como enajenación- en base a una huelga revolucionaria: ni dios, ni amo. Para Bakunin,
La acracia, una utopía desesperada
Como el ideal de la huelga general revolucionaria no daba resultados, algunos libertarios se desesperaron y recurrieron a la propaganda por los hechos, es decir, ampliar el terrorismo, (bombas, atentados y asaltos), perpetrados contra los reyes, príncipes y burgueses; el más famoso de estos personajes fue Rabachol, quien se convirtió en una especie de Robin Hood anarquista, robando a los ricos para darlo a los pobres., incluso, existía la famosa Carmagnole revolucionaria que propagaba: “llegará, llegará, cada burgués tendrá su bomba...”Émile Henri era aún más violento: colocó, como represalia, una bomba en
Junto a la acción violenta siempre coexistió un anarquismo no violento, incluso de inspiración cristiana, como es el caso de Leon Tolstoi. En Chile, un conjunto de intelectuales fundaron una colonia toslstoiana, en
Internacionalismo, pacifismo y emancipación de la mujer
Los ácratas despreciaban la guerra y creían en una patria universal. En 1900, el Parlamento chileno aprobó
La emancipación de la mujer es otra de las ideas centrales de la acracia: el matrimonio es una institución burguesa, contraria al amor libre. En 1913, visitó Chile Belén de Sárraga, famosa anarquista española quien, en base a sus conferencias en distintos lugares de Chile , inspiró la creación de Centros de librepensadoras Belén de Sárraga.
A comienzos del siglo XX, varias mujeres se constituyeron en líderes libertarias: para sólo recordar a algunas, citaremos a Carmen Herrera, compañera de Magno Espinoza, que se lució arengando a los obreros en la huelga de Valparaíso, en 1903; María del Tránsito Caballero, fallecida en
Si bien el anarquismo colindaba con el feminismo, en lo cotidiano los ideales no concordaban con la práctica diaria, donde aún seguía el machismo y el sentimiento de que las mujeres le quitaban el trabajo a los hombres.
El arista Benito Rebolledo relata, en una carta, al escritor Fernando Santiván la vida diaria de la comunidad anarquista, ubicada en la calle Pío Nono, cerca del Cerro San Cristóbal. Los ácratas eran muy cultivados: podían disertar sobre muchos temas, aun los más difíciles y obtusos, de cualquiera de las disciplinas del saber; eran vegetarianos, no fumaban ni bebían, amaban la vida al aire libre y tenían un voto de pobreza. El líder Alejandro Escobar Carvallo se ganaba la vida como médico homeópata y naturista; Miguel Silva tenía su propio taller de tapicería; el francés Aquiles Lemure era zapatero; Pedro Pardo, carpintero y un gran orador; el italiano Tomaso Peppi, sombrerero y rechazaba toda invitación a cenar y rechazaba todo regalo, pues creía que perdía su independencia. El policía Castro se arriesgaba a afirmar que esta comunidad era muy poco peligrosa, “¡qué atentado van a fraguar estos pobres; si no comen cazuela para no matar las gallinas; viven de lechugas y zanahorias!”
Los anarquistas y el movimiento obrero
En el desarrollo del movimiento obrero, en Chile, confluyeron distintas tendencias: las mutuales, las mancomunales, el Partido Demócrata, el liberalismo rojo anticlerical, el socialismo y el anarquismo. En un comienzo, fue muy difícil diferenciar cada una de estas posiciones y, sólo posteriormente, surgió la polémica entre anarquistas y socialistas; por lo demás, los líderes pasaban de una posición a otra, por ejemplo, Alejandro Escobar fue primero anarquista, posteriormente demócrata, luego socialista y, finalmente, ibañista, y así ocurrió con muchos otros dirigentes. Los miembros de
Los libertarios reprobaban toda participación en las elecciones y en el parlamento, pues la consideraban un engaño de la oligarquía: lo mismo daba votar por Federico Errázuriz o por Vicente Reyes.
Los anarquistas y las grandes huelgas de 1903, 1905 y 1907
Las manifestaciones, a comienzos del siglo pasado fueron, principalmente, económicas: la estabilidad de la moneda, mejoras salariales, la inflación - a consecuente alza del costo de la vida – además de las insalubres condiciones habitacionales e inseguridad laboral. Los libertarios eran seguidos por los obreros, sobre todo cuando la lucha entre el ejército y los trabajadores, llegaba a su clímax, pues eran los más decididos luchadores, sin embargo, cuando había que pactar con los patrones y buscar un arbitraje, quienes encabezaban las negociaciones eran los demócratas y, posteriormente, los socialistas.
Así ocurrió en la famosa huelga de Valparaíso, en 1903: en un comienzo se busco el arbitraje, posteriormente, bajaban de los Cerros las masas populares indignadas, provocando la masacre y, luego, después de un número importante de muertos y heridos, se volvía ala negociación.
En 1905, la famosa “huelga de la carne”, aproximadamente se repitió el escenario: al comienzo, los pacifistas dirigentes de las mutuales y mancomunales pidieron autorización a las autoridades para realizar una manifestación, frente a la estatua de San Martín y, cuando comenzaba la manifestación, la masa comenzó a enfurecerse y, prácticamente, ocupó la ciudad; finalmente, los rebeldes fueron aniquilados por las guardias blancas y el ejército.
Mucho se ha discutido sobre la participación del movimiento anarquista en la famosa Matanza de Iquique. Es cierto que algunos de sus líderes, los más conocidos eran ácratas, (el caso de José Bigg y de Luis Olea), sin embargo, las reivindicaciones del movimiento eran completamente pacíficas y justas, y durante casi todo el tiempo los huelguistas mantuvieron una actitud respetuosa con las autoridades del gobierno, buscando solución a su petitorio, por medio del arbitraje, pero fueron engañados y masacrados impunemente. Santa María de Iquique tiene poco que ver con la huelga revolucionaria, salvo en la actitud del último instante, cuando se niegan a abandonar la escuela.
