Rafael Luis Gumucio Rivas
La ideología suena como un contrasentido en el Chile, dominado por el absolutismo del mercado: ¿a quién puede interesarle un Congreso ideológico cuando en los partidos políticos predomina el pragmatismo?; ¿qué sentido tiene la doctrina social de la iglesia en una sociedad de mercado?; ¿se puede hablar del vuelo del cóndor, que supera al liberalismo capitalista y al marxismo, en la actualidad?; ¿qué resta del socialismo comunitario?; ¿es el demócrata cristiano un partido ideológico o de patronazgo?; ¿es posible un Congreso ideológico cuando los tecnócratas demócrata cristianos se han dado el lujo de copar las principales empresas del Estado para luego arruinarlas?; ¿llegó la hora en que la Democracia Cristiana abandone la Concertación, como lo sostienen los “colorines”, y de hacerlo, hacia dónde encaminan sus pasos: al camino propio o a engrosar las filas de los “humanistas cristianos” que apoyan al inversionista Piñera? –al fin y al cabo, unos quieren irse y otros ingresar, como es el caso de los sui generis aliancistas-bacheletistas, (Lavín, Longueira, Cornejo...), sale un colorín y entra un UDI -.
Antiguamente, la Democracia Cristiana era un Partido mesiánico, cuyos Congresos eran verdaderos torneos de oratoria; los líderes de las distintas fracciones pretendían tener una visión completa de la llamada doctrina social cristiana, al menos, nadie se atrevía a defender el capitalismo a cara desnuda. En el primer Congreso, llamado de los Peluqueros, en 1946, Bernardo Leighton pronunció un discurso en el cual hablaba de la democracia proletaria: la democracia política debería estar al servicio del proletariado y, además, que la Falange debería ser como el abogado de los pobres: defenderlos siempre que tuvieran la razón. Este discurso, hoy, sería escandaloso, pues bastó que Monseñor Alejandro Goic hablara de salario ético para que los hipócritas empresarios, algunos de ellos cercanos a la Democracia Cristiana, reaccionaran con escándalo; actualmente, el antiguo Partido de clase media, está rodeado de tecnócratas fríos ante la injusticia social. En todo Congreso, junto al debate ideológico, se toman posiciones respecto a las alianzas: en el los Peluqueros había que decidir entre hacerlo con la izquierda, apoyando a Gabriel González Videla, o con los conservadores, liderados por el médico Eduardo Cruz-Coke. A finales del gobierno de Eduardo Frei Montalva, en Peñaflor, también se jugaban concepciones ideológicos como el socialismo comunitario, y la elección entre “camino propio” o formar parte de la Unidad Popular.
En el Congreso a desarrollarse durante este fin de semana, no existe ninguna diferencia ideológica esencial entre las distintas fracciones, sino que son más bien posiciones de poder: el partido demócrata cristiano va a completar diez años sin ocupar la presidencia de la república, sin embargo, en los dos últimos gobiernos socialistas ha logrado hegemonizar los Ministerios, subsecretarías y gerencias de las empresas del Estado. Entre los cuatrocientos delegados, un buen porcentaje estará constituido por “señores feudales” de la administración pública concertacionista; por cierto que no faltará un negrito de Oxford, perteneciente a la juventud que creerá que este Congreso tiene algo de ideológico. Cada una de las fracciones, como siempre, pretenderá resolver los problemas de la actualidad política. Eduardo Frei Ruiz-Tagle - que hizo un mal gobierno y que apenas hablaba en monosílabos – ahora pretende ser un estadista iluminado y que habla de corrido: se canta unas arias que aterrarían a quienes no lo conocen, como aquella de nacionalizar el transporte privado, digno de un socialista de los años 30; posteriormente, critica al gobierno por mostrarse muy izquierdista, a lo mejor, quiere que sea más derechista aún. Los colorines son los niños terribles de la Democracia Cristiana: con razón, dan palos a sus camaradas tecnócratas José Pablo Arellano, Jorge Rodríguez Grossi y René Cortázar y atacan a los miles de apitutados que confunden el Partido con una agencia de empleos. ¿Y qué otra cosa puede ser, una vez que se han traicionado los principios? Adolfo Zaldívar pretende, incluso, cambiar el modelo económico y abandonar a la Concertación, que lo administrado a la perfección. Nadie sabe, a ciencia cierta, qué pretenden estos niños tan rabiosos: ¿son jacobinos o termidorianos?
Aun cuando ningún líder quiera reconocerlo, en el Congreso ideológico se juega la próxima candidatura presidencial, por parte de la DC. ¿Será Soledad Alvear, Eduardo Frei o Adolfo Zaldívar? Incluso, sería posible que recayera en personas tan despistadas como Marcelo Trivelli o Pablo Lorenzini; nombres nunca han faltado a la Democracia Cristiana. Soledad Alvear, al parecer, tiene mejores posibilidades dentro de su Partido, pues posee la máquina de su marido, Gutenberg Martínez y, en la Democracia Cristiana siempre se ha admirado un tipo de dirigencia capaz de manejar grandes tramoyas electorales, (recuerdo al legendario Alberto Pando y el famoso Carmen Gate); claro que es posible que el “femicidio” que le propinan a la Presidenta los Diarios de derecha termine haciendo muy difícil otra candidatura femenina; por lo demás, Soledad Alvear no es muy carismática, más bien representa una mujer “matea”, recién egresada de un convento de monjas y con grandes ansias de poder.
Volviendo a la médula del Congreso, creo que será intrascendente y las referencias ideológicas sólo constituirán un recuerdo nostálgico de otros tiempos gloriosos, en que sus líderes recordaban a escritores cristianos de talla, como Lammenais, Péguy, Bloys, Mounier, Maritain, Chesterton, Theillard de Chardin, y tantos otros.
servido por elpaskin6
2 comentarios
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David Valencia dijo
Para mi en lo personal, la astucia, no la tengo como una actitud que vaya bién con el hombre, sino más bién me dice que quién la practica, hace uso de ventajas que tiene para sacar un beneficio propio o de grupos en perjuicio de otro o de otros.
Ese es el concepto que tengo de la ´´dc``, como una agrupación de personas con carácter político para sacar provecho de un ente llamado Estado y del pueblo que lo conforma. Para esto recurre a al retórica y a la mejor de las intenciones posibles, para allegarse el favor de este ( pueblo )al momento de las elecciones. Sabemos bién en que han ido a parar tantas buenas intenciones, la montonera de cagadas que se han mandado, la montonera de guita que se han apropiado, y no les ha salido ni por curados.
¿ Congreso ideológico ?, que risa.¿ No sera más bién, congreso político-estretégico, para ir delineando los próximos pasos de este circo que se llama chile ?.
David Valencia
15 Octubre 2007 | 10:11 PM