CARTA DEL MAESTRO FAUNDEZ A SU AYUDANTE PEÑALOSA SOBRE LAS TASAS DE INTERÉS Y SU EFECTO EN LA INFLACIÓN
Rafael Gumucio Rivas
En las crisis capitalistas, como la actual, los Bancos Centrales tienen una función fundamental para reanimar los mercados financieros y también la economía real. El Banco Central más importante del mundo es el FED, dirigido por Ben Bernanke un tipo con cara de tímido y de profesor despintado; Lo sigue el Banco europeo, el chino, el japonés y el de los países emergentes, entre los cuales se cuenta Chile. Para determinar la tasa de interés deben considerar varios datos: empleo, balance de las empresas y, sobretodo, la inflación, la recesión y la deflación. Si quieres hacer un símil pedagógico, la tasa de interés es como el freno y el acelerador, y en medicina equivale a medicamentos benignos o los de alto impacto. Toda decisión tiene efectos secundarios, razón por la cual hay que manejar el medicamento con mucha experiencia y cautela.
Cuando hay baja inflación, es decir, menos de un 3%, y un buen crecimiento, es decir, más de un 3% en países desarrollados, es muy fácil aplicar el medicamento; el problema es cuando hay alta inflación y recesión; por ejemplo, el Banco Central europeo, a pesar de tener atisbos de inflación, mantuvo la tasa de interés en su última cesión, ante el temor de la recesión en Norteamérica y su contagio en Europa. Al revés, China tiene una alta fiebre, un crecimiento de un 11%, y aunque su Banco Central suba las tasas para congelar la economía no o logra, pues esta sigue campante y con hambre de materias primas, lo que es muy bueno para América Latina y, en particular para Chile, por el alto precio del cobre.
El drama se genera en Estados Unidos: el último dato del empleo es pésimo e influye en la capacidad adquisitiva de los ciudadanos; además, se agrega un alto precio del petróleo, a 76 dólares la libra. Es cierto que el Banco considera sólo la inflación subyacente, eliminando alimentos y energías, sin embargo, la tarea del FED es mantener a raya la inflación. Cuando hay recesión e inflación es muy difícil aplicar la medicina y, como esta catástrofe no ha ocurrido aún, la mayoría de los economistas creen que, al menos, el FED bajará un 0.25 la tasa y, si es necesario, aplicar el shock de 0.50; es evidente que tendrá que llegar, para el fin de año, a un 0.75 menos, es decir, la tasa a 4.25 ó 4.50.
Como te expliqué, todo remedio tiene efectos secundarios:
La baja de tasas deprecia al dólar respecto al euro, lo que significa que el euro puede llegar a 1.45 ó 1.50 por dólar. El dólar depreciado sirve para favorecer el mercado exportador de Estados Unidos. Piensa solamente en el turismo.
La baja de tasas abarata el crédito de los bancos a las empresas y clientes particulares.
Reactiva las bolsas y el capitalismo especulativo, es decir, créditos sin mayor control.
Inserta liquidez al mercado, pero tiene efectos negativos, como la creación de burbujas financieras, es decir, las famosas punto com y, hoy, los créditos sin garantía y la inmobiliaria.
Este es el drama de Ben Bernanke: si me la dejas, me mata, si me la pones, me muero. Por cierto que no se puede permitir una recesión, mucho menos con inflación.
El caso de Chile:
Aún tenemos un crecimiento calculado entre 5,5% y un 5.9 %; por cierto que no podemos medir el efecto de una recesión norteamericana, ni menos mundial. No cabe duda de que de ocurrir, bajaría el crecimiento; por lo demás, nuestro crecimiento es bastante disímil mes a mes: un julio, tuvimos apenas un 4% - es posible que sea achacable a los paros del cobre y a los días feriados.
Nuestro drama no está en el crecimiento, sino en la inflación que, seguramente, puede llegar a un 6% y aún más, a fin de año.
La única arma que tiene el Banco Central es la tasa de interés: si la sube, como seguramente va a ocurrir –en un 0.50 puntos básicos- tendrá las siguientes consecuencias:
Enfría la economía y baja el crecimiento.
Hace más caros los créditos a las pymes y al público en general.
No se sabe a quiénes se cargará el encarecimiento del crédito, sospecho que a los precios de los productos.
El peso se apreciará respecto al dólar, bajando este de los $500, lo cual dificultará la capacidad exportadora.
Claro que la baja de tasa de interés norteamericana puede favorecer a las empresas endeudadas en dólares.
Nuestra inflación tiene características especiales: el mayor porcentaje del 1.1% del alza del IPC se debe alimentación, (3.4%) y vivienda (0.9%), es decir, casi la mitad corresponde a productos de la alimentación de los más pobres.
Si consideramos la canasta popular, el IPC del 6% equivale a un 20% ó 30% de los gastos mensuales de los más pobres.
Si consideramos la última Encuesta CASEN, el 54% de los trabajadores gana menos de $216.000, esta suma sólo le alcanzará para alimentación y pago de la luz.
El alza de la tasa de interés sólo puede influir en estos precios paralizando el consumo, es decir, reduciendo, aún más, esta canasta mínima.
Sólo quedan dos medidas para paliar la miseria popular: la primera se refiere a apoyos localizados, por parte del Estado, para aminorar el efecto de las alzas en la luz y en los alimentos básicos; es esto lo que hace
No puede haber salario ético, ni mucho menos ingreso ético, si no hay redistribución en las cargas públicas, por consiguiente, rebaja de impuestos como el IVA, para los pobres, y alzas para los empresarios y personas de altos ingresos.
Como de alguna manera tiene que recuperarse el efecto de la rebaja del IVA, hay dos posibilidades: cargar al superávit fiscal o aumentar el impuesto al consumo suntuario-
