DANOS EL PAN DE CADA DÍA
Con el kilo de pan a mil pesos, está por irse al tacho de la basura esta petición de la oración que Cristo enseñó a sus discípulos. Es posible que el pan se convierta en un artículo de lujo, que sólo pueda ser mostrado en las mesas de los empresarios y funcionarios de alta graduación. Se ha sabido que la carestía del trigo y del maíz ha provocado revoluciones en el mundo: imagínense a los mexicanos sin tortillas y a los colombianos sin arepas. Esta alza del precio del pan es catastrófica para los pobres, pues su alimentación básica la constituyen el pan y el té. Según MIDEPLAN, son pobres todos aquellos que tienen salarios inferiores a $49.000. Según creo, el calendario juliano tiene tres tipos de meses: noviembre, abril, junio y septiembre, 30 días; enero, marzo, mayo, julio, agosto, octubre y diciembre, 31 días; febrero, 28 días, salvo el año bisiesto, que tiene 29 días. Se me ocurre la mala idea de ponerme en el pellejo de quien tiene un ingreso mínimo: en los meses de 30 días sólo le quedarían $19.000 para otros gastos; los de 31 le quedarían $18.000; en febrero, le quedarían $20.000; ni pensar en carbón para no caer en la hipotermia, y menos en electricidad, ni gas; para qué hablar de útiles escolares y movilización – que en Chile es casi gratuita, gracias a la estupidez del Transantiago. Claro, dirán los herodianos funcionarios – recordemos a Herodes, aquel monarca de Israel que hizo todo lo posible para congraciarse con los romanos – “usted olvida que hay una serie de ingresos no considerados, por ejemplo, en cada familia hay un abuelito que recibe una pensión mínima, algunos de los hijos hacen “popolos” muy esporádicos y las señoras limpian la caca a las guaguas cuicas; con tan abultado salario se produce el milagro de la “multiplicación de los panes”. Además, el Estado entrega ayuda a través de los múltiples programas de apoyo – me recomendó dirigirse a Estadodechile@.cl, para que evitarme más estulticias. Los neoliberales fanáticos son mucho más brutales en sus dichos que los cínicos –los perros-; no crean que tengo de casero al pobre Sergio Melnick, que en su artículo de Aun cuando ocurre muy pocas veces, podría pasar que algún ministro del Trabajo fuera favorable a algunas reivindicaciones de los trabajadores, pero siempre hay en el gobierno ministros favorables a los intereses de los patrones; si ninguna de estas condiciones se diera copulativamente, existe el recurso de acudir a los lobistas – Correa y Tironi, entre otros -. Como la ley del embudo, al igual que la ley de la oferta y la demanda, fueron dictadas en el “parlamento de Frescolandia”, siempre terminan ganando los sindicatos patronales en la lucha agónica del mercado. Hoy, todas las grandes empresas cuentan con pequeñas empresas subsidiarias, que hacen el trabajo por medio de la subcontratación, en que cada una usa miles de razones sociales y, al fin, el obrero ignora para quién está trabajando. El capitalismo se ha transformado en una red más complicada que los “tejidos de Penélope”. El capitalismo viene de crisis en crisis: es como la persona que, de la noche a la mañana, se gana el Loto y quiere consumir el comiendo caviar, en pocos días. Al final, no hay vomitorio que sirva y termina con el hígado hinchado, teniendo que ir al hospital por varios días, consumiendo insípidas sopas estatales. Algo de esto está pasando a raíz de la última crisis financiera. En 1929, todo explotó: los bonos valían menos que los meticais, (moneda de Mozambique), las Acciones eran puro papel, los dólares se cambiaban por millones de marcos y del peso chileno, qué hablar. Mi padre, que era un hombre justo, le correspondió actuar como Comisario de Subsistencias y Precios –Institución creada por Carlos Dávila, en la llamada República Socialista, su heredera fue la famosa Dirinco – y su tarea consistía en controlar a los comerciantes para que no se aprovecharan de la inflación, aumentando los precios al infinito; en la ejecución de su mandato, durante el gobierno radical de Juan Antonio Ríos, clausuró varios almacenes, pero perdió su pega cuando se le ocurrió, nada menos, que hacer lo mismo con el famoso Gath y Chávez, una multitienda similar a Falabella, a Almacenes París, y a otros; ahí mismo lo pusieron de patitas en la calle. Claro que me acusarán de estatista, comunista y otras verduras, pero poco me importa al atreverme a violar el sacrosanto principio de la libertad de precios, el libre mercado, la libre competencia, todo muy libre para aquellos que disponen de dinero. No creo que la iglesia sea anticapitalista aunque, históricamente, la ética cristiana ha sido bien contradictoria frente al mercado, transformado en dios, el darwinismo social, el materialismo, la usura y el amasijo ilimitado de riqueza. Si no me equivoco, todas las Encíclicas sociales han condenada, por igual, al comunismo y al liberalismo de mercado; podría llenar páginas de páginas citando textos condenatorios contra el capitalismo, prescindiré también de las violentísimas diatribas contra los ricos, propaladas por los Padres de la iglesia, por ahora, me permito remitir a Ud. a los textos sobre este tema, de Julio Silva Solar y Jacques Chonchol. En un artículo sobre “Los cincuenta años de Es evidente que cualquier persona justa y honrada se escandaliza ante las diferencias de sueldos existentes en Chile. ¿Qué puede hacer ante tanta iniquidad? Hay dos posibilidades: Callar o conformarse diciendo que “siempre habrá pobres entre nosotros”, o denunciar y exigir un salario ético que, por lo demás, está contenido en Sería completamente normal que el Partido Conservador rechazara esta famosa Encíclica, lo que es raro es que en el 2007 se convierta en una piedra de escándalo. ¿Es que en verdad estamos en pleno capitalismo salvaje? ¿Es que el neoliberalismo es tan absoluto que obnubiló a socialistas, PPD y socialcristianos? ¿Cómo Es evidente que toda la clase política ahora está centrada en la temática del salario ético, cada cual ofrece soluciones más radicales, incluso, Lúculus Piñera agrega al salario ético el ingreso ético. A veces pienso que Jesús tenía razón cuando le pidió al rico que cediera a los pobres toda sus riquezas y se uniera al grupo de los nazarenos. Si el rico hubiera tenido visión de futuro, lo hubiera hecho con sumo agrado pues, posteriormente, la iglesia fue reconocida como religión del Imperio, por Constantino – a lo mejor, este joven rico se hubiera convertido en gerente del Banco del Espíritu Santo- . No sería mala idea que Sebastián Piñera hiciera otro tanto regalándole sus acciones bursátiles a los pobres y es seguro que saldría elegido Presidente de Chile sin necesidad de llamar al pueblo a las urnas, pero como no creo mucho en milagros: ni que los ciegos vean, ni que los muertos resuciten, ni que los pájaros se salven del calentamiento global, después de tanta Comisión, todo seguirá tal cual; el pobre a covacha y el rico a su palacio.
Rafael Luis Gumucio Rivas
