10 Agosto 2008
IMPUNIDAD A LA CHILENA
La famosa democracia de los acuerdos siempre ha terminado favoreciendo a la derecha: la Ley General de Educación , celebrada en la ridícula ceremonia en que todos se presentaban tomados de la mano, no puede ser más perjudicial al gobierno de Michelle Bachelet; hay que ser muy ingenuo para creer que una ley marco puede ser aceptada cuando a ella se oponen todos los componentes de la comunidad educativa – profesores, estudiantes, padres y apoderados- lo único que salva para la derecha esta Ley es la continuidad de la educación como un negocio. Para imponerla ha sido necesaria la represión, por un lado usando las urgencias para evitar el debate en la Cámara de Diputados y, por otro, la expulsión de María Música Sepúlveda por parte de los profesores del Liceo Darío Salas – tal vez estará dando vueltas en su tumba este prestigioso educador, padre de la Ley de Educación Primaria Obligatoria y Gratuita- nada más antipedagógico que el procedimiento empleado por los directivos y profesores del plantel, que tienen más de gendarme, que de educadores.
En este tobogán de torpes acuerdos con la Alianza, el gobierno propuso al Senado al juez Alfredo Pfaiffer como miembro de la Corte Suprema. El ministro Pfaiffer se ha manifestado siempre a favor de aplicar la ley de amnistía, incluso antes de investigar los casos de derechos humanos; por lo demás, se excluyó de tratar el caso de Jaime Guzmán manifestando animadversión a los acusados miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. En entrevistas a la Prensa, ha declarado sus dudas sobre los crímenes cometidos por los nazis contra los judíos. En resumen, es un pinochetista de tomo y lomo y no lo disimula.
Jamás he creído en el apolicitismo de la judistadura y, muchos menos, en la independencia de los demás poderes del Estado; los jueces no son ángeles y pertenecen a una sociedad determinada y tienen posiciones ideológicas y políticas. Con razón, el columnista de El Mercurio Carlos Peña, condena este reparto de cargos, uno para el gobierno y otro para la oposición, un perfecto empate a la chilena.
En la historia constitucional de Chile, el Poder Judicial ha estado siempre supeditado al Ejecutivo: así se plantea en la Constitución de 1833, en la de 1925 y en la de 1980 – siempre está baja la jurisdicción del Ejecutivo en el nombramiento de sus integrantes y de su funcionamiento- posteriormente, se le agregó la participación del Legislativo, a través del Senado que, según el constituyente de 1925 posee facultades judiciales, como actual como jurado en el caso de las acusaciones constitucionales y participar en el nombramiento de los ministros de la Corte Suprema.
En la República Parlamentaria, (1891-1925), se prorrateaban entre los partidos políticos los cargos de la administración pública, la educación y el poder judicial: la primera correspondía a los liberales, la segunda a los radicales y la tercera a los liberales balmacedistas; sólo hay un caso en la historia de Chile en el cual el presidente de la Corte Suprema, Javier Ángel Figueroa, se opuso a las pretensiones dictatoriales del entonces ministro del Interior, Carlos Ibáñez del Campo – posteriormente dictador- demás está decir que duró muy poco en su cargo, a pesar de ser hermano del presidente de la república, Emiliano Figueroa. Es cierto que se concedieron algunos recursos de amparo a los a favor de los desterrados, sin embargo, todos estos fueron inaplicables, pues ya se encontraban fuera del país.
En el gobierno de Salvador Allende el acuerdo de la Corte Suprema sirvió para justificar el golpe militar de 1973: Posteriormente, la Corte se transformó en un testaferro de la dictadura negando la mayor parte de los recursos de amparo, que hubieran salvado muchas vidas. El ministro Hugo Rosende nombró, a su amaño, a todos los ministros de de la Corte Suprema, cuya única condición era ser pinochetista convencido. A diferencia de la Corte de Pétain, en Francia, en Chile los supremos de la época de Pinochet jamás han sido juzgados y, ni siquiera, han pedido perdón.
En muchos artículos anteriores he criticado la actuación política de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, sigo creyendo que dilapidó el 58% de los sufragios obtenidos en la elección presidencial: hizo un gobierno opaco y tecnocrático, en que dejó de lado los casos de derechos humanos, incluso, nunca recibió a los familiares de los detenidos desaparecidos; con su ministro del Interior, José Miguel Inzulsa, salvó al dictador y ladrón, Augusto Pinochet, de terminar sus días en una cárcel española, como bien lo merecía, sosteniendo el absurdo argumento de que la justicia chilena lo condenaría por sus múltiples crímenes de lesa humanidad y peculados.
Al parecer, Eduardo Frei está bastante cambiado – es como para creer en la reencarnación o en las segundas oportunidades, que siempre han sido desastrosas para nuestros presidentes: baste recordar los casos de Arturo Alessandri y de Carlos Ibáñez. El nuevo Eduardo Frei Ruiz-Tagle es un estadista, que expresa ideas del sentido común, un lenguaje bastante popular y oratoria rural, pero que en el último tiempo está atinando bastante bien, por ejemplo, el proponer la estatización del transporte, hoy en manos de los bancos; también son acertadas algunas ideas sobre la diversificación de la matriz energética, además de dejar bastante mal puesta a su rival de partido, Soledad Alvear, al presentarla como egoísta, a raíz del rechazo del pacto por omisión con el Partido Comunista, en la comuna de Estación Central.
Donde mejor ha lucido su oratoria el padre conscripto Eduardo Frei fue en el rechazo a la candidatura a la Corte Suprema del ministro Alfredo Pfeiffer: con palabras sencillas y contundentes logró arrastrar a los senadores socialistas , que estaban bastante perdidos por estos extraños acuerdos de la presidenta Michelle Bachelet y los marcados errores del ministro de Justicia, Carlos Maldonado.
Es muy difícil para los legos entender el lenguaje de los políticos de gobierno cuando pactan con la derecha, pues sería equivalente a hacer un análisis de las largas peroratas del actor Cantinflas. Ahora resulta que Eduardo Frei y Soledad Alvear sostienen que nunca han participado del tal bendito acuerdo y que por esta razón pudieron votar libremente en contra de la propuesta de la Presidenta. De Escalona, no se sabe si firmó o no firmó este desaguisado , el hecho es que la mayoría de los senadores socialistas cambiaron su voto al escuchar los brillantes razonamientos del ex presidente de la república. No en vano, Chile sigue siendo una oligarquía familiar y podemos exclamar, en este caso, ¡Ave Eduardo! Mientras persistan estos torpes acuerdos, seguirá ganando la derecha y perdiendo prestigio la Concertación, que más que nunca necesita el apoyo popular para no morir.
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3 Agosto 2008
ÁLVARO URIBE VÉLEZ, EL SAN EXPEDITO DE SEBASTIÁN PIÑERA
Rafael Luís Gumucio Rivas
Para la izquierda, el valor principal de la acción política es la lucha por la igualdad y, para la derecha, lo importante no es la libertad, sino el orden que garantiza la propiedad, razón por la cual, todos los candidatos de la derecha centran su propuesta política en la famosa “seguridad ciudadana”. El escándalo no es la pobreza, sino la violencia y el riesgo de ser asaltado en las calles: la única solución que propone se reduce a encarcelar a los delincuentes, en presidios que son repugnantes y degradantes respecto a la dignidad humana, a su vez que escuelas del delito que, en vez de reinsertar a los internos, termina por enseñarles mejores métodos para seguir delinquiendo, incluso desde las mismas cárceles.
El populismo neoliberal de derecha demostró, en décadas pasadas su fracaso: Fujimori está preso por sus múltiples robos y atropellos a los derechos humanos; Color de Melo pasó a la historia, después de su destitución, convirtiéndose en un mal recuerdo; el ahora anciano Carlos Menem siempre anda rondando la cárcel, a causa de las innumerables sinverguenzuras de su malhadado gobierno. En Europa, José María Aznar, sirviente de Bush en la guerra contra Irak, es sólo un mal recuerdo, y su Partido Popular no logra recuperar el poder; en Alemania, la Democracia Cristiana tiene que aliarse a los socialistas para gobernar; en Francia, Sarkozi, un dandy, está cada día más desprestigiado.
¿Qué modelo le queda a la derecha populista? En América Latina, Álvaro Uribe, en Colombia y Felipe Calderón, en México, cuyos intentos de privatizar PEMEX son resistidos por los ciudadanos.
Sebastián Piñera puede ser muy hábil en los negocios, pero es bastante ignorante en historia y en política. Imitando a Obama, quiso hacer su propio periplo por América Latina visitando Perú, de Alán García, actualmente bastante desprestigiado ante la opinión pública de su país, pues la riqueza no llega a los pobres; posteriormente, Colombia, de Álvaro Uribe y, finalmente, Ecuador, del presidente Rafael Correa.
Como San Pablo, en su viaje a Damasco, Sebastián Piñera terminó obnubilado por el éxito del presidente populista paramilitar. Álvaro Uribe, una especie de San Expedito para la derecha continental. Simplemente es una tontería, que refleja mucha ignorancia, comparar a Chile con Colombia respecto a la seguridad ciudadana, pues sería como si comparáramos con Haití o Irak:
Colombia ha sido clasificado, en muchos períodos de su historia, como una democracia inviable, un país invertebrado.
En Colombia existe una guerra larvada entre las FARC, ELN, los paramilitares, el ejército, el narcotráfico y la delincuencia común, amén de los parapolíticos.
En Colombia hay miles de campesinos desplazados, que pueblan los barrios periféricos, especialmente de Bogotá, Medellín y Cali, que viven en situaciones de miseria y degradación insoportables.
Naciones Unidas reconoce a miles de refugiados políticos a causa de la violencia.
Los congresistas estadounidenses rechazan el Tratado de Libre Comercio a causa de la violación de los derechos humanos.
Los carteles de la droga hace tiempo que han penetrado la política, incluso presidentes y parlamentarios han sido acusados de soborno.
En Bogotá es imposible penetrar en barrios, como Ciudad Bolívar y otros de la zona sur, pues se arriesga a no salir incólume. Es comprensible que Sebastián Piñera no haya visto esta realidad, pues hay que vivir en el país para captarla.
No es raro que Uribe sea el mejor y único amigo de Bush, pues emplea métodos similares, amparado en la llamada “Seguridad Democrática”, una especie de doctrina de seguridad interior del Estado.
Michelle Bachelet es una gobernante democrática, que luchó toda su vida por los derechos humanos y la justicia social; Álvaro Uribe tiene parientes paramilitares y es un aliado de los gamonales ultraderechistas.
En Colombia, la Corte de Justicia ha puesto en cuestión la reelección de Álvaro Uribe a causa de un presunto soborno a una senadora.
En el rescate de los últimos 15 liberados, la Fuerzas Armadas utilizaron los símbolos de la Cruz Roja y de Telesur, colocando en peligro las futuras gestiones humanitarias.
Un familiar de Uribe está acusado de tener contacto con los paramilitares.
La guerrilla y los paramilitares emplean métodos inmorales y desprovistos de toda ética para raptar y asesinar.
El narcotráfico sigue siendo muy poderosos en Colombia y ha penetrado en las distintas bandas armadas.
Si esta es la parusía de Sebastián Piñera, Dios nos pille confesados. Ojalá los ahora desprevenidos electores comiencen a darse cuenta que el populismo de derecha no nos puede llevar sino a la lamentable situación en que se encuentra aún Colombia. Es cierto que Álvaro Uribe cuenta con un apoyo indiscutible en las encuestas, pero esto no hace más democrático su gobierno, pues en la historia hay miles de casos de déspotas derechistas que han contado con un alto apoyo popular. No fue democrática la RDA porque contara con un partido demócrata cristiano, tampoco lo era la España de Franco porque existieran unas amañadas Cortes, no lo era la Italia de Mussolini, ni la Alemania de Hitler: la democracia no se define por el sufragio, sino por el respeto a los derechos humanos.
Lamentablemente, en Colombia no existe aún una izquierda democrática poderosa y con líderes carismáticos que pueda contrarrestar al uribismo que, por medio de las “asambleas regionales” ha logrado implantar un demagógico populismo de derecha que engaña, fácilmente, el electorado. No es extraño que nuestro nuevo San Pablo de la derecha chilena se haya caído en éxtasis, junto a sus mosqueteros acompañantes, Espina y Allamand, a la vista de estas pauteadas reuniones populares, dirigidas por el “Catalina” del país del norte. Nada más fácil que realizar estas asambleas con partidarios convencidos y muy dispuestos a seguir a su líder.
No creo que sirva para algo la justa molestia del Ministro Pérez Yoma al increpar, con razón, a las ignaras y torpes declaraciones del candidato de la Alianza, pues aún recordamos los torpes pactos del gobierno con la Alianza con respecto a la Ley General de Educación y el subsidio a la gasolina. Las peleas entre la Concertación y la Alianza se parecen más a un circo que una verdadera confrontación ideológica pero, al menos, esta última polémica ha sido útil para desnudar lo que sería un gobierno populista de derecha, liderado por Sebastián Piñera y que cobija a muchos irredentos pinochetistas. Vayan poniendo sus barbas en remojo.
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24 Febrero 2008
Rafael Luis Gumucio Rivas
Recurro a la famosa frase de Federico Nietzsche para recordar los cuarenta años del suicidio de Joaquín Edwards Bello, el 14 de enero de 1968. Thomas Mann caracterizaba al burgués como un hombre que vive en permanente equilibrio entre el afán de enriquecerse ilimitadamente el terror a la pobreza. Edwards Bello eligió el camino contrario: el de vivir en permanente peligro; en el fondo, el vicio del tapete verde consiste en arriesgar constantemente el peculio y Edwards Bello perdió, en su juventud, varias herencias, en los casinos de Europa y de Santiago.
El escritor Joaquín Edwards Bello no era sólo el autor de novelas naturalistas y de denuncia social – como El roto, El inútil, Chilenos en Madrid, El bolchevique y La chica del Crillón- sino que, fundamentalmente, un cronista de su época; tenía su público propio, lectores devotos, que seguían jueves a jueves su columnas en La Nación. Cuentan que Edwards se oponía a publicar una antología de estos escritos, pues consideraba que su valor consistía en la lectura semanal y no la perennidad. Escribía neuróticamente y las palabras le fluían con facilidad y hacía uso de un rico archivo de recortes de prensa; lo que le interesaba era la actualidad, lo efímero y, a la vez, su proyección histórica. Edwards Bello hizo del periodismo un oficio literario. Roberto Merino y Cecilia García Huidobro se han propuesto la tarea de reunir en 15 tomos 12.000 artículos firmados por Edwards Bello, desde 1921 hasta 1963.
Edwards Bello fue un réprobo entre su familia de banqueros, mineros y multimillonarios. Jamás quiso escribir en el diario El Mercurio, propiedad de sus parientes ricos. Nació tres años antes de la guerra civil de 1891; en su juventud se definía como “un volteriano, un poco tonto, un loco lindo”, como dirían los argentinos. Durante esta etapa se dedicó al juego y a la vida disipada y fue uno de los tantos rastacueros de ese período; jamás entendió eso del ahorro, tan admirado por los antiguos aristócratas: le interesaba gozar la vida y no estaba dispuesto a que lo “estrujaran como limón”, en un trabajo burocrático.
En 1910 publicó su novela El inútil, que la plutocracia y su familia consideraron que contenía claves relacionadas con la realidad, que significaban una burla para familiares, amigos y, sobretodo, de plutócratas habitantes de las dos ciudades que contaban en el Chile de la épica: el británico puerto de Valparaíso y la colonial Santiago. El campo y los fundos sólo le servían para largos veraneos, que se prolongaban desde diciembre a marzo y, a veces, se constituía en el lugar conventual de exilio, destinado a aristócratas empobrecidos, que no podían seguir el tren de gastos que suponía la lujosa vida en Santiago.
Desde el escándalo de El inútil, Edwards Bello se sintió constante perseguido: era un maldito para su clase; afortunadamente para él, el resto del mundo estaba abierto: se autoexilió en Brasil donde ejerció toda suerte de oficios y, según su confesión, fue muy feliz. París era el paraíso terrenal para todos los aristócratas de comienzos del siglo XX: se vestían a la francesa, tomaban champagne como agua y los menús eran escritos en idioma galo. Los más ricos encargaban a Francia los materiales para construir sus palacios.
Cono “a los chilenos les encanta inventar leyendas y eran mentirosos consuetudinarios” según Ewards Bello, personajes como Federico Santamaría – que era tan avaro que escribía encima de los sobres de las cartas que le enviaban –utilizándolas como blocs – se hizo famoso por la especulación en la Bolsa de París, con títulos azucareros, atentando contra el chocolate del desayuno; incluso, se cuenta que el gobierno francés lo quiso expulsar, pues ponía en peligro su economía; otro mito se refiere a Arturo López quien, desde los cerros de Valparaíso, pasó a especular en la Bolsa de Santiago; Cuevas, Cuevitas, Dueñitas, Sotito, diferentes apelativos para referirse a Jorge Cuevas que, en su tiempo tuvo la habilidad de agradarle a las viejas con temas que despertaban mayor interés y era capaz de zurcir y coser en el Chile machista de comienzos del siglo XX; afortunadamente, emigró a París y se hizo amigo de la aristocracia rusa en el exilio; se casó con la jija de Rockefeller y fundó un ballet llamado El marqués de Cuevas - en ese tiempo, los títulos nobiliarios se vendían con facilidad-. Los plutócratas chilenos consideraban una diputación o una senaduría como un título nobiliario que se compraba y se vendía en el “mercado electoral” - como tal vez ocurra hoy, pero con más hipocresía -.
Edwars Bello era brillante en el retrato de situaciones, lugares y personajes y un irónico humorista. El garito de 1910, presidido por un retrato del presidente Balmaceda y regentado por militantes del Partido Demócrata, era la hipocresía hecha carne: el homenaje que el vicio hace a la virtud. Los predilectos de esta casa de juego eran los aristócratas, entre los cuales, uno de ellos eran nada menos que descendiente de José Santos Ossa, descubridor del salar del Carmen y, además, fundador de Antofagasta. Los crupiers, bastante estrictos para la época con los tramposos de siempre, eran españoles y franceses; también concurrían a ese recinto diputados, como don Pantaleón quien vivía, fundamentalmente, de la obstrucción parlamentaria y del reparto de empleos fiscales. En ese tiempo, las comidas de la Cámara y del Senado eran famosas por su calidad y cantidad; algunos parlamentarios inescrupulosos llevaban a sus casas pavos, vinos, licores finos, y otros - actualmente, en el parlamento de “la ópera Aída”, en Valparaíso, esto es imposible, pues sirven pésimos chacareros que se pueden conseguir en cualquier restaurante de mala muerte, lo que equivale a constatar que, ni siquiera el Congreso, tiene hoy los ricos tés que lo hicieran famoso en el período republicano-.
Edwars va recordante en sus distintos artículos, los barrios antiguos de Santiago: la Plaza Brasil, que comenzaba a decaer con el crecimiento del barrio alto en esa época y que hoy se encuentra casi en “la frontera con Argentina”: ya han muerto edificios como el hotel Oddó, donde el senador Guillermo Rivera tenía su propia pieza, en la cual pasaba noches de amor, según las malas lenguas, con la primera dama Sarita del Campo, una mujer tan mandona casi como la Martita de Eduardo Frei Ruiz-Tagle. La calle San Diego era una especie de conjunto de tiendas turcas, ricamente decoradas por sus dueños; (aún recuerdo el famoso, “Donde golpea el monito”, cerca del teatro Caupolicán, lugar de concentraciones políticas de ese tiempo). En la actualidad sólo queda la cafetería Torres, en la Alameda entre San Ignacio y Dieciocho, al parecer, lugar de conspiración de algunos demócrata cristianos hoy.
Edwards trata distintos tipos de personajes: sus amigos Vicho Blamaceda Zañartu, - sobrino del presidente de la república, “gran señor y rajadiablos de las tierras de Rancagua”, que se gastó toda su fortuna en farras con sus amigotes y que murió de sífilis-; Jorge Cuevas, (de quien hablamos antes); Teresa Wilms Montt, una bella rebelde y que terminó muriendo en París por sobredosis de drogas, entre otros.
Retrata, además, a presidentes de comienzos del siglo XX como Germán Riesco, una especie de kaiser chileno, un hombre honrado y sano, pero que su debilidad política le hizo permitir todo tipo de robos y estafas al fisco, perpetrados por una corrupta plutocracia y, como decía un personaje de La casa grande, de Luis Orrego Luco, se había acostumbrado a vivir a costa del país, (como se puede ver, en historia todo se repite, aun cuando cambie el escenario y los personajes). Pedro Montt es el presidente de la mala suerte: le tocó el terremoto de Valparaíso, el fusilamiento de Dubois, la Matanza de Santa María de Iquique, el escándalo de la Casa Granja, además de la muerte de su secretario, aplastado por un ascensor, en 1910, en Buenos Aires, y su propia muerte, en Alemania. La figura de Balmaceda ocupa muchas de sus crónicas: lo impresionan los rápidos cambios en los sentimientos de las masas – el presidente pasa de odiado a adorado -. También escribe sobre los famosos saqueos, en Santiago, de agosto de 1891, dirigidos por damas de sociedad. Sus artículos dan cuenta de las anécdotas del rey holgazán de la República Parlamentaria, Ramón barros Luco quien, según Edwards, sólo logró con humor y simpatía amortiguar el golpe que se veía venir.
Edwards fue, hacia los años 20, partidario de don Arturo Alessandri, pero siempre prefirió mirar la política desde la barrera; también fue amigo de Eliodoro Yánez, dueño del diario La Nación, donde escribía cada semana. Condenó, en todos los tonos, el robo de este Diario, realizado por Ibáñez cuando era dictador.
1910 para Edwards es el tiempo del “gordiflón”: los aristócratas se esmeraban en cultivar la panza, incluso una señora llegó a decir que en su mesa reunía a más de cien millones de pesos de esa época, - sería como juntar actualmente a los Matte, los Edwards, los Piñera y los Claro; las damas cultivan el coto “era una especie como de pelícanos sagrados”. De los personajes extranjeros, escribió un artículo muy interesante sobre Manuel Azaña, en 1936; según el autor, es muy superior a Gil Robles, jefe de la derecha española, y a Largo Caballero, líder de los socialistas.
El ateísmo español no corresponde a un verdadero ateísmo: “un ateo verdadero no se ocupa de quemar iglesias, le interesa mucho más asaltar palacios, como en Rusia; la herejía es un verdadero acto de fe: el que prende fuego a un templo es un creyente indignado”. La quema de la catedral de Málaga “es porque no vive Cristo, sino el demonio”
El 13 de febrero de 1968 hacía la típica canícula sahariana de Santiago veraniego: ningún aire por ningún lado. Edwards Bello había logrado evitar los rateros haciendo uso de su famosa máscara de goma: cada vez que alguien tocaba a su puerta, él mismo decía que estaba veraneando en Zapallar. Ante el miedo a la vejez, la soledad y la enfermedad, hace uso del revólver, regalo de su padre para que se defendiera, y pone fin a sus días. Y así termina la vida peligrosa de nuestro gran cronista.
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17 Febrero 2008
Por Rafael Agustín Gumucio Rivas

Acabo de leer el libro Anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de una idea en Chile, 1893-1915, de Sergio Grez, Lom, 2007. Según este historiador, los ácratas chilenos aparecieron como un fantasma en los discursos de la élite chilena: eran agitadores peligrosos que movilizaron a una masa obrera tranquila y feliz.
La historiografía clásica fascista o los olvidó o los vilipendió. El tratamiento de la historia de los anarquistas chilenos fluctúa entre el rechazo y la apología. Para Hernán Ramírez Necochea los libertarios constituían una fuerza ultraizquierdista, esencialmente reaccionaria. Posteriormente, matizó un poco su posición sosteniendo que muchos de los líderes del movimiento obrero se formaron en el movimiento anárquico. Marcelo Segall sostuvo el mito de la influencia de los excomuneros y de la Primera Internacional en Chile, de 1880. Jorge Barría y Julio César Jobet tienen una visión un poco más amplia tanto, de la Sociedad de Resistencia como de la IWW de las huelgas obreras de comienzos del siglo XX, sin embargo, sólo recurren a fuentes secundarias; este olvido fantasmagórico de la historia de los anarquistas ha sido cubierto, en parte, por las obras de Julio Pinto - dedicadas a los ácratas de la provincia de Tarapacá - y los trabajos de Jorge Rojas y de Jaime Sanhueza, junto al norteamericano Peter De Shezo, quienes aportaron nuevos atecedentes, producto de investigaciones en fuentes primarias. El libro de Grez viene a cubrir este enorme vacío.
El sueño despierto de la acracia
La utopía tiene varias acepciones en la historia: para Ernst Bloch el marxismo es la realización de la utopía completa, la conquista por parte del hombre de los horizontes de esperanza, la liberación de todas las enajenaciones capitalistas y la construcción de nuevos mundos justos y libres.
La acracia se niega a ser calificada como una utopía, pero en la realidad lo fue: quiso terminar con el Estado, la propiedad privada, la religión – como enajenación- en base a una huelga revolucionaria: ni dios, ni amo. Para Bakunin, la Comuna de París significaba la destrucción del Estado, la religión y la propiedad privada y, en su reemplazo, la construcción de una sociedad libertaria y solidaria. El príncipe ruso Pedro Kropotkin sostiene que sin igualdad no hay justicia y sin justicia no hay moral. Su obra, La conquista del pan, fue un verdadero evangelio para los revolucionarios antiestatistas. Para Malatesta, la sociedad es una sociedad de hombres libres y una sociedad de amigos.
La acracia, una utopía desesperada
Como el ideal de la huelga general revolucionaria no daba resultados, algunos libertarios se desesperaron y recurrieron a la propaganda por los hechos, es decir, ampliar el terrorismo, (bombas, atentados y asaltos), perpetrados contra los reyes, príncipes y burgueses; el más famoso de estos personajes fue Rabachol, quien se convirtió en una especie de Robin Hood anarquista, robando a los ricos para darlo a los pobres., incluso, existía la famosa Carmagnole revolucionaria que propagaba: “llegará, llegará, cada burgués tendrá su bomba...”Émile Henri era aún más violento: colocó, como represalia, una bomba en la Estación Saint Lazare, cuyo resultado fue de un muerto y veinte heridos; en principio era para causar terror a los pequeño burgueses, que ganaban entre 300 y 500 francos mensuales y que eran más reaccionarios que sus patrones. Nicolás Sacco y Bartolomeo Vancetti se convirtieron en héroes del movimiento igualitario y libertario al ser acusados falsamente y morir en la silla eléctrica por sus ideales.
Junto a la acción violenta siempre coexistió un anarquismo no violento, incluso de inspiración cristiana, como es el caso de Leon Tolstoi. En Chile, un conjunto de intelectuales fundaron una colonia toslstoiana, en la Comuna de San Bernardo.
Internacionalismo, pacifismo y emancipación de la mujer
Los ácratas despreciaban la guerra y creían en una patria universal. En 1900, el Parlamento chileno aprobó la Ley del servicio militar obligatorio, que sólo se aplicaba a los pobres, pues los señoritos se lo sacaban. Para los anarquistas, el ejército era como la peste, la escuela del crimen y de los vicios y servía sólo para perseguir y aniquilar al movimiento obrero, especialmente en las huelgas de 1903, 1905, 1906 y 1907. El chauvinismo era la expresión más brutal e inhumana de la ignorancia y primitivismo.
La emancipación de la mujer es otra de las ideas centrales de la acracia: el matrimonio es una institución burguesa, contraria al amor libre. En 1913, visitó Chile Belén de Sárraga, famosa anarquista española quien, en base a sus conferencias en distintos lugares de Chile , inspiró la creación de Centros de librepensadoras Belén de Sárraga.
A comienzos del siglo XX, varias mujeres se constituyeron en líderes libertarias: para sólo recordar a algunas, citaremos a Carmen Herrera, compañera de Magno Espinoza, que se lució arengando a los obreros en la huelga de Valparaíso, en 1903; María del Tránsito Caballero, fallecida en 1905, a causa de la caída de la galería, en una de los famosos discursos del “pope” Julio Elizalde, quien atacaba a los curas y a la iglesia por haber traicionado la herencia revolucionaria de Jesús; Hortensia Quinio, pareja de el líder Voltaire Argandoña, murió a consecuencia de las torturas, después de haber sido acusada de colocar una bomba en el convento de las Capuchinas.
Si bien el anarquismo colindaba con el feminismo, en lo cotidiano los ideales no concordaban con la práctica diaria, donde aún seguía el machismo y el sentimiento de que las mujeres le quitaban el trabajo a los hombres.
El arista Benito Rebolledo relata, en una carta, al escritor Fernando Santiván la vida diaria de la comunidad anarquista, ubicada en la calle Pío Nono, cerca del Cerro San Cristóbal. Los ácratas eran muy cultivados: podían disertar sobre muchos temas, aun los más difíciles y obtusos, de cualquiera de las disciplinas del saber; eran vegetarianos, no fumaban ni bebían, amaban la vida al aire libre y tenían un voto de pobreza. El líder Alejandro Escobar Carvallo se ganaba la vida como médico homeópata y naturista; Miguel Silva tenía su propio taller de tapicería; el francés Aquiles Lemure era zapatero; Pedro Pardo, carpintero y un gran orador; el italiano Tomaso Peppi, sombrerero y rechazaba toda invitación a cenar y rechazaba todo regalo, pues creía que perdía su independencia. El policía Castro se arriesgaba a afirmar que esta comunidad era muy poco peligrosa, “¡qué atentado van a fraguar estos pobres; si no comen cazuela para no matar las gallinas; viven de lechugas y zanahorias!”
Los anarquistas y el movimiento obrero
En el desarrollo del movimiento obrero, en Chile, confluyeron distintas tendencias: las mutuales, las mancomunales, el Partido Demócrata, el liberalismo rojo anticlerical, el socialismo y el anarquismo. En un comienzo, fue muy difícil diferenciar cada una de estas posiciones y, sólo posteriormente, surgió la polémica entre anarquistas y socialistas; por lo demás, los líderes pasaban de una posición a otra, por ejemplo, Alejandro Escobar fue primero anarquista, posteriormente demócrata, luego socialista y, finalmente, ibañista, y así ocurrió con muchos otros dirigentes. Los miembros de la Sociedad de Resistencia tampoco eran exclusivamente anarquistas, pues se mezclaban con sindicalistas independientes y mutualistas.
Los libertarios reprobaban toda participación en las elecciones y en el parlamento, pues la consideraban un engaño de la oligarquía: lo mismo daba votar por Federico Errázuriz o por Vicente Reyes. La Prensa ácrata y los ateneos obreros fueron los primeros los lugares de encuentro del anarquismo, además de los sindicatos de los ferroviarios, de los tipógrafos, los sombrereros y sombrereras y del transporte, dando lugar a las primeras huelgas, a comienzos del siglo XX.
Los anarquistas y las grandes huelgas de 1903, 1905 y 1907
Las manifestaciones, a comienzos del siglo pasado fueron, principalmente, económicas: la estabilidad de la moneda, mejoras salariales, la inflación - a consecuente alza del costo de la vida – además de las insalubres condiciones habitacionales e inseguridad laboral. Los libertarios eran seguidos por los obreros, sobre todo cuando la lucha entre el ejército y los trabajadores, llegaba a su clímax, pues eran los más decididos luchadores, sin embargo, cuando había que pactar con los patrones y buscar un arbitraje, quienes encabezaban las negociaciones eran los demócratas y, posteriormente, los socialistas.
Así ocurrió en la famosa huelga de Valparaíso, en 1903: en un comienzo se busco el arbitraje, posteriormente, bajaban de los Cerros las masas populares indignadas, provocando la masacre y, luego, después de un número importante de muertos y heridos, se volvía ala negociación.
En 1905, la famosa “huelga de la carne”, aproximadamente se repitió el escenario: al comienzo, los pacifistas dirigentes de las mutuales y mancomunales pidieron autorización a las autoridades para realizar una manifestación, frente a la estatua de San Martín y, cuando comenzaba la manifestación, la masa comenzó a enfurecerse y, prácticamente, ocupó la ciudad; finalmente, los rebeldes fueron aniquilados por las guardias blancas y el ejército.
Mucho se ha discutido sobre la participación del movimiento anarquista en la famosa Matanza de Iquique. Es cierto que algunos de sus líderes, los más conocidos eran ácratas, (el caso de José Bigg y de Luis Olea), sin embargo, las reivindicaciones del movimiento eran completamente pacíficas y justas, y durante casi todo el tiempo los huelguistas mantuvieron una actitud respetuosa con las autoridades del gobierno, buscando solución a su petitorio, por medio del arbitraje, pero fueron engañados y masacrados impunemente. Santa María de Iquique tiene poco que ver con la huelga revolucionaria, salvo en la actitud del último instante, cuando se niegan a abandonar la escuela.
Lea la segunda parte del artículo:
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10 Febrero 2008
Por Rafael Luis Gumucio Rivas
Afortunadamente, en el período republicano existían unos cuantos políticos libertarios, hoy apenas se pueden contar con los dedos de la mano: me estoy refiriendo a un liberalismo político, al estilo de Isaías Berlín y no al económico, que desprecia la democracia, donde la única libertad reconocida es la del mercado y la propiedad. En 1948 se discutía en el Senado la famosa “ley de Defensa de la Democracia” llamada, muy justamente, la “ley maldita”.

Los senadores libertarios se oponían a su promulgación pues, acertadamente, sostenían que las ideas se combaten con ideas y no con fusiles. Eran los valientes de siempre: Carlos Vicuña Fuentes, Pedro León Gallo, Alberto Cabrero y Rafael Luis Gumucio Vergara, entre otros. Según el historiador Gonzalo Vial, el Ministro del Interior Salas Romo dijo a Carlos Vicuña Fuentes “que estaba dominado por un romanticismo caduco, que añoraba las libertades de otras épocas...” Mi abuelo, Rafael Luis Gumucio Vergara, comentó “tales palabras las recojo para mí; yo también estoy dominado por el romanticismo caduco, añoro las libertades de otra época y siento instintivamente irritación contra las instituciones autoritarias”.
¡Qué diferencia con la actualidad! Socialistas, PPD y demócrata cristianos traicionando sus orígenes y a los padres fundadores defienden leyes liberticidas, como la antiterrorista, especialmente aplicada a los sindicalistas y mapuches. Confieso que me invadió un sudor frío al leer las opiniones del subsecretario del Interior sosteniendo que las leyes antiterroristas se aplicaban en todo el mundo.
Es cierto que en Estados Unidos existe la ley patriótica, por la cual cualquier ciudadano puede ser controlado en su vida privada y acusado de terrorista sin mayores pruebas; también existe Guantánamo, donde se aplica tortura y terrorismo de Estado, lo mismo ocurre con el Plan Colombia y la Seguridad Democrática. Son tan terroristas los secuestros perpetrados por las guerrillas, como los asesinatos por parte de los paramilitares y el cerco que ahora quiere poner en práctica el presidente Álvaro Uribe. Mucho se ha escrito sobre el terrorismo de Estado, que no sólo practican las dictaduras, sino también las llamadas democracias occidentales. No voy a extenderme en este acápite que amerita otro largo estudio.
Personalmente, me repugna toda violencia armada venga de donde venga y siempre he militado en la no violencia activa - la oposición de conciencia contra la tiranía – y solamente acepto, en la teoría de Santo Tomás, el rechazo radical a cualquier tiranía, aun cuando se disfrace de ropajes democráticos, como ha ocurrido muchas veces en la historia.
La historia chilena está colmada de leyes liberticidas: en 1918 un jerarca conservador propuso y logró la aprobación de la Ley de Residencia, supuestamente para perseguir a los agitadores extranjeros que propagaban el anarquismo que, en Chile, eran vegetarianos y artesanos, bastante pacifistas. Por cierto, había una contradicción entre el discurso y la acción política. Esta Ley sirvió para reprimir y expulsar del país a muchos tranquilos y afables trabajadores; en 1948 se promulgó la famosa Ley de Defensa de la Democracia, que borró de los registros electorales a los comunistas; pero la persecución se amplió a sindicalistas independientes, socialistas y falangistas. Por cierto que no se le puede pedir a los actuales demócrata cristianos, muchos de ellos empequeñecidos moralmente, que tengan el valor y la inteligencia de don Horacio Walker y de Radomiro Tomic, quienes, en brillantes discursos, defendieron la tesis de que las ideas se discuten con ideas y no con cárceles, relegaciones y exilios. En 1958, el Bloque de Saneamiento Democrático, formado por socialistas, falangistas y radicales, derogó la “Ley Maldita”. Lamentablemente, los parlamentarios la reemplazaron por la Ley de Seguridad del Estado que, en forma leguleya, distinguía las ideas de las acciones contra el Estado. Bajo esta Ley se perpetraron matanzas, como la de la población José María Caro, durante el gobierno gerencial de Jorge Alessandri y la del mineral del Salvador y Puerto Montt, durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva. El tema central, antes y ahora, es la defensa de la sacrosanta propiedad privada. Esta ley liberticida permitió, también, que el presidente de la CUT, don Clotario Blest, pasara gran parte de sus días recluido en la cárcel.
Las bayonetas y las cárceles no congenian con la democracia, Creo que la democracia se defiende con más democracia, con mayor participación popular, con la amistad cívica y, jamás, con la cárcel, exilio y relegación de quienes luchan por sus derechos conculcados.
Es mejor recurrir al original y no a las fotocopias para explicar el concepto de la democracia protegida, es decir, encapsulada respecto a los ciudadanos. El verdadero genio de esta sui generis concepción fue Jaime Guzmán Errázuriz, fundador de la UDI; se trata de despreciar la soberanía popular y convertir a las instituciones en entes aislados de los ciudadanos, con lo cual se lleva a cabo un juego político versallesco, intrascendente y “farandulero” ; se separa, radicalmente, las reivindicaciones sociales de las políticas prohibiendo a los dirigentes sindicales postular a cargos de elección popular. Una máquina perfecta para que existan sólo dos combinaciones políticas que se repartan el poder. Si alguien osa rebelarse se le aplica una criminal ley antiterrorista. Pensar distinto equivale a ser terrorista.
Desde siempre, las distintas plutocracias han acusado a los agitadores de provocar revueltas en el pueblo; hábilmente los acusan de ser una minoría ideologizada que engaña a un pueblo pacífico y trabajador, que está muy contento con su situación. Algo similar ocurre hoy con los mapuches. Según el ministro José Antonio Viera-Gallo, sólo una minoría se rebela contra las injusticias ancestrales, perpetradas contra los pueblos originarios. Agitadores, según la plutocracia, fueron: Luis Emilio Recabarren, Luis Olea, Clotario Blest, Elías Lafferte, Pablo Neruda y Volodia Teitelboin, entre otros.
Arauco tiene una pena
El paje tuerto, Alonso de Ercilla – sobrenombre dado por mi hijo, Rafael, y que se salvó de la muerte, que le quería aplicar el apitutado gobernador García Hurtado de Mendoza, el padre del nepotismo, práctica que se ha hecho consubstancial a nuestro ethos nacional - inventó en La Araucana una épica mitológica del pueblo mapuche: Lautaro es el genio militar, siglos antes de Napoleón; Caupolicán resiste, heroicamente, el castigo de la pica; Guacolda y Fresia son las grandes matronas símbolos, que incitan a sus hombres a la lucha y, así, otros grandes héroes. Durante largo tiempo los mapuches no sólo resistieron, sino que vencieron, en sucesivas batallas a los españoles. ¡Ay de que los peninsulares pasaran el Bío Bío o el Maule!
Nada más enriquecedor que leer a los grandes cronistas y dejar de lado a los historiadores racistas, como Francisco Antonio Encina, que despreciaba a los mapuches, en una mala copia del racismo de la obra de Nicolás Palacios, La raza chilena. Encina consideraba a los mapuches como un pueblo borracho, polígamo, de un idioma y religión muy primitiva, pero guerrero e indomable.
En el siglo XVII el padre Luis de Valdivia, un jesuita que tenía más santos en la corte que en el cielo, sostuvo la tesis de la “guerra defensiva”: había que parlamentar con los mapuches y delimitarles su territorio al sur de Bío Bío. Por cierto que, a veces, los mapuches se rebelaban y asesinaban a algunos jesuitas que pretendían convencerlos de que Jesús era el Gran Cacique, y que debían abrazar la fe y abandonar sus malas costumbres, entre ellas la poligamia.
Felipe III decretó la esclavitud de los mapuches que fueran hechos prisioneros; por lo demás las mercedes de tierra siempre incluían mapuches. Sólo Carlos II terminó, en parte, con la esclavitud de nuestro pueblo originario.
La utopía, el cristianismo y la sed de riqueza caracterizaban la llamada, erróneamente, conquista pues ésta nunca existió. El único conquistador conquistado, según Santiago del Campo, fue Pedro de Valdivia, que terminó prendado ante las bellezas de nuestra tierra. Don Pedro era un gran mentiroso - aún actualmente estamos llenos de fabulistas –. Como el rey estaba muy lejos y “no había internet” Valdivia podía inventar lo que quisiera y el monarca tenía que creerle. Veamos, por ejemplo, la carta que le envía en 1550:
“ Esta tierra es tal, que para poder vivir en ella y perpetuarse no la hay mejor en el mundo, dígolo porque es muy llana, sanísima, (afortunadamente no conoció la plaga de ratones del hospital Salvador) de mucho contento; tiene cuatro meses de invierno no más, que en ellos si no es cuando hace cuarto de luna, que llueve un día o dos, (al parecer, a Valdicia le tocó el fenómeno de la “la niña”, con sequía y todo) todos los demás hacen tan lindos soles que no hay que allegarse al fuego. El verano es tan templado y corren tan deliciosos aires, que todo el día se puede estar el hombre al sol que no le es inoportuno”, ( intente hacerlo hoy y quedará más quemado que un lechón a viva llama).
Como en las antiguas novelas de entrega, que publicaban los Diarios de antaño, dejaré para un próximo capítulo el genocidio perpetrado por el ejército de Chile contra el pueblo mapuche, en la mal llamada “Pacificación de la Araucanía”.
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2 Febrero 2008
Rafael Luis Gumucio Rivas
La derecha siempre ha sido partidaria del orden, pues lo necesita para garantizar el fetiche de la propiedad privada frente al ataque de los desposeídos o de quienes desde tiempos milenarios luchan por la igualdad entre los hombres. Alfredo Joselyn-Holt, en su libro El peso de la noche, escribía sobre el orden precario. Nuestro connacional está en búsqueda permanente del orden: está siempre amenazado por el desorden de los terremotos, sequías e inundaciones y sabe que el orden es efímero y el miedo lo hace aferrarse a él. Relata en este ensayo que Benjamín Vicuña Mackenna construyó un mirador, en el Cerro Santa Lucía, para observar desde esa altura el movimiento de los “rotos” de la Chimba que, según los oligarcas, siempre amenazaban la fortaleza del centro de la ciudad, rompiendo la placentera vida de los ricachos. Los dueños de fundo pactaban con los cuatreros para evitar ser asaltados, según el relato de Martína Barros
Los chilenos siempre han preferido a los personajes autoritarios y de orden, como Portales, Manuel Montt, Andrés Bello y, en época más reciente, Carlos Ibáñez, Augusto Pinochet y Ricardo Lagos; les gusta los mandones y machos gritones; no han tenido la misma suerte los rebeldes: los hermanos Carrera, Francisco Bilbao, Miguel Enríquez, y otros, que son seres alocados y creativos, que ponen en peligro el amado orden en busca de un mundo mejor.
Gabriela Mistral, en una prosa famosa, alaba al casi extinguido ciervo huemul, que hace parte de nuestro escudo nacional y preferimos al ave carroñera, el cóndor; no nos agrada el huemul, grácil y pacífico, sino el degustador de cadáveres, el cóndor. Al fin, esta gran ave andina ha sido transformada en una caricatura, el Condorito. Los historiadores conservadores han hecho una verdadera apología de la guerra y los militares: para Mario Góngora, desde la Colonia has el siglo XIX, la historia nacional está plagada de guerras, por eso el Estado inventó el país.
En la guerra de Arauco Chile era el Flandes indiano, pero nuestros antepasados – primeros habitantes del país, siempre triunfaron en base a guerras desordenadas contra el hipercentralizado ejército de los peninsulares. Los jesuitas constituían una orden estrictamente jerárquica, una especie de ejército vasco, sin embargo, cuando fueron expulsados por Carlos III, desde el exilio inspiraron nuestra independencia: del orden pasaron a la rebelión. Poco se ha estudiado el aporte de los cronistas y teólogos de la orden ignaciana en las ideas avanzadas de la independencia.
Ingenuamente creía yo que la izquierda chilena representaba la rebelión, la lucha por la igualdad, la búsqueda de mundos mejores; sus militantes eran los inconformistas, los constructores de utopías, los incómodos con el orden actual, pero confieso que me equivoqué rotundamente: hoy son los gendarmes del orden, los conservadores que quieren que nada cambie, aquellos que creen que su poder es permanente y, prácticamente hereditario; la igualdad fue sacrificada al orden neoliberal.
La forma de conservar este orden precario no ha sido nunca la razón, sino la fuerza: Portales desterró y fusiló a sus rivales; Bulnes, ese huasamaco de vientre abultado, persiguió y aniquiló a Francisco Bilbao, Santiago Arcos y a los artesanos de la Sociedad de la Igualdad; así suma y sigue: Manuel Montt no dejó títere con cabeza y se dio el lujo de triunfar y aniquilar a cuanta persona no pensara como él. Su hijo Pedro y el ministro Rafael Sotomayor, mataron por matar, en Santa María de Iquique, en 1907. Ni hablar de la brutalidad de Carlos Ibáñez y de Pinochet. Este es el orden de la famosa ave carroñera, de que hablaba Gabriela Mistral.
El vocero actual del gobierno, Francisco Vidal, vuelve a hablar de la famosa palabra “orden y disciplina”; cuando lo observé por la televisión, me parecía que asomaban sus viejos bototos militares, que había conservado de su época de cadete, y hablaba con un tono parecido al instructor del pésimo reality Pelotón: frases cortas y cortas, a semejanza de un himno marcial; sólo le faltó amenazar a los desordenados con el peso de la ley. ¿Cuántos ministros, en nuestra historia, han repetido estas consignas, que se parecen más a los mandatos de un superior de una orden religiosa inquisidora, que al uso del diálogo, propio de la igualdad y de la amistad cívica.
La derecha quiso convertir a la presidenta Bachelet en una especie de “machota” y gritona, tratando de despojarla de su femineidad y simpatía, creyendo convertirla en la mujer barbuda de circo. Desgraciadamente, por las circunstancias y las presiones de los partidos de la Concertación, poco a poco la carismática y bella Michelle ha terminado repitiendo las sempiternas monsergas de los machos patrones de fundo. Hoy tiene un gabinete que se supone que es de hierro, seguramente para aplicar la represión contra los locos que están incómodos con este injusto Chile. Después de la reunión de Cerro Castillo aparecen frases que no son propias de la Presidenta: “quiero un gobierno ordenado, eficiente y trabajador...” ¿Acaso Andrés Zaldívar, Belisario Velasco, y otros, eran unos holgazanes desordenados?
Emmanuel Mounier escribía sobre el desorden establecido, para referirse al capitalismo. Es que hay un orden que sólo conduce al desorden, como lo hemos comprobado en estos últimos tiempos. Si el orden se basa en la Constitución espúrea, las leyes dictadas por la última dictadura, la reproducción de las castas y el saqueo al Estado, termina por convertirse, para usar la idea del filósofo francés, en un desorden inaceptable. Si el orden es pura fuerza y no participación y convicción, en una democracia carece de sentido.
El otro término en boga es la disciplina: las hay militares, conventuales, estatales, partidarias, de casta, de tótem y, también, aquella que pervive por el silencio condescendiente de militantes y dirigentes y de los ciudadanos. Cuentan que en la Grecia heroica el pueblo reunido en el ágora sólo debía limitarse o a aplaudir o pifiar al basileus, el rey; algo así pasa en Chile: ora aplauden a Lagos y después lo pifian.
No sé si hay algo más ordenado que los cementerios y, posiblemente, sólo les aventajan las pirámides, construidas por aquel pueblo hierático, cuyo imperio duró miles de años en la inamovilidad. Si se visita Pére Lachaise, en París, La Recoleta, en Buenos Aires, el Cementerio General, en Santiago, y otros, encontraremos a tantos escritores rebeldes, como Émile Zola, Víctor Hugo, y tantos otros y en distintos países y tiempos, vociferaron y denunciaron injusticias, hoy están callados y ordenados en sus tumbas. A esta disposición casi perfecta se le llama el orden de los cementerios: “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”. Pareciera que Dios fue cadete, como el ministro Vidal, pues en las misas de difuntos los oficiantes repiten que el alma será recibida por los arcángeles, una especie de coroneles del Dios de los Ejércitos y por los mártires, que son los gladiadores, engullidos por fieras salvajes.
Este es el orden chileno, más fuerza que razón, más fraude electoral - como la intervención estatal, el cohecho y el sistema binominal – que verdadero diálogo y entendimiento democrático. Somos ordenados de puro terror al cambio y a perder el poder; es un orden negativo, nacido del miedo y no de la creación de nuevos mundos, por eso la oligarquía siempre ha odiado a los rebeldes, a los incómodos, a los locos, a los inquietos, a los creadores. Es triste comprobar que un gobierno dirigido por una mujer, en quien mucha gente sembró sus esperanzas, se esté transformando en un grupo de mandones, cuya estilo conocemos a través de toda nuestra historia: represión y tecnocracia.
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27 Enero 2008
Rafael Luis Gumucio Rivas
La pensión mínima solidaria es presentada como la gran obra social del gobierno de Michelle Bachéele y. no cabe duda de que representa una humanización del cruel sistema de capitalización individual, sin embargo la reforma no tocó en ningún aspecto las enormes y abusivas ganancias de las AFP
.
En la Fenicia chilena no podría seguir subsistiendo esta inaceptable injusticia que mantiene al 75% de los adultos mayores desprovistos de toda previsión que no sea la ayuda asistencial o jubilaciones mínimas, que no llegan, ni siquiera, a $60.000. (La pensión asistencial para menores de 70 años asciende a $45.092; entre 70 y 75 años, a $48.069; a 75 y más, $53.559). Además, el postulante debe cumplir con una serie de requisitos para optar a tan indigna y miserable suma de dinero.
La presidenta, Michelle Bachelet, está cumpliendo con su palabra propuesta, cuando fue candidata a la presidencia de la República, de reformar el sistema de pensiones, cosa que no hicieron sus antecesores – que les puede ser imputado éticamente -. Ninguna persona bien nacida y dotada de sentido común puede rechazar la pensión básica solidaria; no es un regalo, sino una mínima acción de justicia. La pensión básica solidaria supone que todos los chilenos y, sobre todo las mujeres tienen derecho, a partir de junio de 2008, a $65.000 mensuales, hayan o no cotizado en el sistema de pensiones. Y ira aumentando hasta llegar a 75. 000 en los años surgentes . Debemos considerar, además, que el país está entrando en una fase inflacionaria cercana a un IPC de 8%, que reduce el poder adquisitivo de estas pensiones; por lo demás, el IPC no da cuenta cabal del alza de precios de productos base del consumo popular, como es el caso, hoy, del pan de las verduras y de la electricidad. Se agrega un aporte del estado a quienes tengan cotizaciones que pensionen por menos de 200.000 pesos supuestamente pera favorecer a la clase media
Aristóteles distinguía la justicia conmutativa – aquella que no distingue edad, sexo, etnia y riqueza – de la justicia distributiva- necesariamente discrimina a favor de los más pobres. En el caso de la pensión básica solidaria hay aspectos de la justicia conmutativa, pero a la vez existe una concepción al revés de la justicia distributiva; el ejemplo más palmario es que no distingue entre hombres y mujeres para acceder a este beneficio. Todos los chilenos y chilenas deben tener una edad mínima de 65 años A pasar de la oposición de varias Diputadas y Diputados el Senado mantuvo los 65 para ambos sexos.
Otro aspecto que rompe la justicia conmutativa es el hecho de que los empresarios no aportan un solo peso al sistema previsional de sus empleados y obreros, incluso, ni siquiera, algunos de los patrones pagan el 12%, que es propiedad de los trabajadores. Nada gano con decir que esto constituye un delito de apropiación indebida de dinero ajeno. Se calcula que la deuda de los empresarios asciende a $500.000.000. Según Guillermo Arthur, coordinador de las AFPs, hay miles de querellas en Tribunales y no informa cuántas de ellas han sido falladas favorablemente.
En la discusión del Proyecto en cuestión se han propuesto varias fórmulas para solucionar el problema: 1) descontar la deuda de la devolución de impuesto a la renta de los empresarios; 2) que este delito sea de acción pública, es decir, que cualquier persona se pueda querellar; 3) que el Estado no subvencione a las empresas morosas. En otro aspecto, se podrían buscar fórmulas para que los empresarios aporten en la pensión de sus empleados: 1) que el empleador pague los todos gastos de administración a las AFPs o, al menos, de un 30% a un 50%. No es suma estratosférica, ¿no les parece?; 2) que paguen los seguros de supervivencia e invalidez.
Hay una serie de medidas positivas en el Proyecto: 1) la bonificación por hijos de todas las mujeres en edad de jubilar, durante un año, calculado sobre el ingreso mínimo vital – como se comprenderá, la capitalización por este concepto es muy pequeña, pues el ingreso mínimo vital está muy lejano al llamado “ético”; 2) el subsidio previsional a los trabajadores jóvenes y los descuentos tributarios a las empresas que los contratan – habría que considerar el tipo de empleo que se ofrece a los jóvenes, pues es sabido que muchos de ellos son extraordinariamente precarios, por consiguiente, creo que hay que aplicar la justicia distributiva privilegiando a las pymes sobre las grandes empresas y a quienes ofrezcan empleos de calidad sobre los precarios; no veo por qué, según la justicia distributiva, no sean aplicables menores tributos a quienes aportan más al empleo y calidad de vida a los jóvenes -; 3) la cotización obligatoria de los trabajadores independientes, quienes constituyen un tremenda masa laboral – según el Proyecto, debe estar incorporado el 40% en los primeros años y el 100% al décimo año, además, debe considerarse que todos estos trabajadores engrosarían la ganancia de las AFPs y de los bancos, lo cual hace entren a la galera del sistema con más remeros.
¿Quién no puede estar de acuerdo en que se reconozca el trabajo de las heroicas dueñas de casa, muchas de ellas con más de sesenta años trabajando al cuidado de niños y machos abrumados y, algunas veces, de abuelitos y abuelitas, nietos y otros familiares? Según Fourier, todo avance en los derechos de la mujer constituye un avance en el socialismo. Don Luis Emilio Recabarren comprendió, muy bien, este postulado fundamental de la liberación humana y por su pasión ética fue acusado por los machistas totalitarios de todos los tiempos.
Si bien esta Reforma tiene aspectos positivos, mantiene incólume el sistema neoliberal, pues no toca un ápice de la capitalización privada; lo único que hace es humanizar al Estado subsidiario.
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20 Enero 2008
RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS
Una encuesta demuestra que la mayoría de los usuarios obligados del sistema privado de pensiones no saben cómo funciona, ni en que fondo, saben menos cuáles son sus beneficios y perjuicios. En decenios de aplicación del sistema creado por la dictadura, sus víctimas desconocen los aspectos centrales de la galera que les fuera impuesta en forma autoritaria. Es imprescindible intentar explicar a los lectores, de manera lo más pedagógica posible, en qué los afecta una reforma que, a pesar de su larga discusión en las comisiones de las Cámaras, las miles de audiencias, aún es extraña para la mayoría de los ciudadanos. Es evidente cómo en muchos casos la comunicación entre los organismos del estado y los chilenos es mala o prácticamente nula.
El neoliberalismo concibe al hombre únicamente en su dimensión económica, pues la existencia social sólo tiene sentido en el mercado, que determina quiénes deben sobrevivir y quiénes desaparecer, a causa de la cesantía y el hambre: es un radical darwinismo social. Para Frederich Hayek el Estado no debe, por ningún motivo, prestar ayuda a los perdedores del mercado –claro no llega al extremo de los nazis enviándolos a los campos de concentración -. Milton Friedman admite algún tipo de subvenciones focalizadas en los pobres, en situaciones extraordinarias: José Piñera, su discípulo fiel, inventor de las malditas modernizaciones, planteó un tipo de rol subsidiario del Estado, por medio de los bonos de reconocimiento: cuando el trabajador, obligado por el patrón, tuvo que cambiar del sistema de reparto solidario al sistema de capitalización privada. Además, a quien no tuviera ninguna cotización, después de una cruel selección, se le pagaba una pensión asistencial, modalidad que rige hasta ahora; es como el pan para que los esclavos no mueran de hambre.
En los países europeos el sistema previsional es solidario y de reparto; en Estados Unidos y en Canadá hay un sistema mixto: solidario y de capitalización individual; lo mismo ocurre en Argentina, Colombia, Costa Rica y Brasil. Sólo en Chile, Nicaragua y El Salvador hay un sistema único de capitalización individual. Ningún país medianamente civilizado y desarrollado se atrevería a implantar el troglodita sistema de capitalización privada; somos los únicos en aplicar esta estulticia, al igual que ocurre, en lo político, con el sistema binominal.
La subsidiaridad a la chilena consiste en que el Estado se hace cargo de todas las grades empresas que fracasan o quiebran; sí bien las AFPs. , Junto a los Bancos en Chile , son las empresas más rentables del país, han colapsado respecto al objetivo de dar jubilaciones decentes a la mayoría de los chilenos y, como estos ciudadanos de segunda quedan en la indefensión, el Estado se hace cargo de ellos para que no mueran en la intemperie.
Las AFPs. Han seguido el proceso mundial de monopolización, por vía fusiones o por aniquilación de los competidores; hoy son solamente seis sociedades que se han repartido, según el economista Manuel Riesco, en quince años, una suma de 23 mil billones de pesos, lo que equivale al 40% del PIB chileno, de 2005; En el 2006 ganaron 72.5 millones de dólares, aumentando su rentabilidad en un 39.58% respecto al año anterior.
Las AFPs. Son las únicas empresas en el mundo que captan a tres millones de trabajadores, que están obligados a cotizar en alguna de las seis AFPs, con el 12% de su sueldo. El sistema antiguo de galeras es una broma al lado de este abuso.
¿Qué ganan los trabajadores con este negociado? Las rentabilidades de cuatro fondos de pensiones: los primeros, de renta variable y, los últimos, de renta fija. Como nadie tiene empleo permanente asegurado durante veinte o treinta años, la mayoría cotiza cuatro o cinco meses durante el año, lo cual supondría que el trabajador debería doblar los años de trabajo para lograr una jubilación decente. Se calcula que el pensionado, al llegar a la edad de acogerse a retiro, debe tener entre ochenta y cien millones ahorrados para recibir, apenas, una renta vitalicia de $450.000, es decir, menos de dos “sueldos éticos”.
No escribo sobre la precariedad del empleo en Chile, pues es intrínsecamente inmoral; no tengo a mano la información sobre el número de trabajadores con boleta de servicio y contratos temporales, pero estoy seguro de que comprende la mayoría de trabajadores estatales y privados chilenos. Obviamente, todos ellos no cotizan, salvo que los hagan como independientes.
La distribución del ingreso de los trabajadores es otro punto de alta inmoralidad. Según un informe del PNUD, el 47.4% de los trabajadores recibe entre $90.000 y $120.000, lo que significa menos que el vital; el 37%, entre $120.000 y $350.000, es decir, el 85% de la masa laboral recibe menos de $350.000; sólo queda el 15% que podría aspirar a una pensión digna.
En el año 2005, las AFPs ganaron 72.5 millones de dólares, de los cuales 36 millones de dólares fueron a parar a 550.000 afiliados, que representan sólo el 7.5% de ellos; el resto se repartió entre el 92.5% de los cotizantes. El promedio de capitalización es de $5.000.000 por afiliado, lo cual nos da entender que sólo muy pocos pueden lograr una jubilación vitalicia.
¿En qué instrumentos financieros invierten las AFPs? En acciones y bonos. Se ha comprobado que en las crisis de los sistemas financieros las AFPs ganan más que en las épocas de bonanza, pues se enriquecen con las comisiones de administración; quienes salen perdiendo son los usuarios – se les olvidó que la “ley del embudo” está en el artículo 1 de la Constitución virtual del Estado.
Hoy está de moda la historia de las crisis capitalistas; según un analista económico, se contabilizan 92 grandes terremotos, desde 1929. A partir de 1990, recuerdo algunas: la de la burbuja de las “.com”, la de la caída de los precios de los bonos, a causa de una alza súbita de las tasas de interés, dictadas por el FED, el efecto “tequila”, por la devaluación del peso mexicano, la del rublo, la japonesa (o asiática) y la actual. Los cotizantes de las AFPs ven perder la rentabilidad de sus ahorros en cada una de estas crisis; es cierto que no se ha derrumbado el sistema financiero especulativo y, a largo plazo, la inversión en renta variable termina siendo conveniente. Para los pocos jóvenes que tengan un empleo formal y permanente que es contradictorio con la precariedad de los contratos en el capitalismo neo liberal
Es completamente falso que los bonos no pierdan valor: en cada cataclismo financiero se van al suelo las deudas de los países emergentes y hoy incluso aquellos calificados como grado de inversión , en especial, las corporaciones de menor calificación que, en gran número, terminan en cesación de pago. No creamos que por estar en los dos últimos fondos de pensiones las personas, a punto de jubilar, están aseguradas de salvar su dinero, producto del esfuerzo y privaciones de toda una vida. Me pregunto: ¿Es ético que el Estado obligue por ley a sus ciudadanos a ser partícipe de un mundo financiero, altamente especulativo? ¿Cómo se le puede pedir a un trabajador, que está a punto de jubilar que espere dos o tres años para que pase la turbulencia, crisis, colapso o recesión, en Estados Unidos? Si no es rico, como Piñera y otro puñado de empresarios, que tienen capital para soportar la montaña rusa de las bolsas, tendrían que vivir de la colección de hierbas, como el maestro Epicuro.
No todo el mundo puede, como los pocos millonarios de este país, comprar acciones depreciadas y venderlas caras, en la bonanza. Chile no respeta la libertad individual, pues no permite la elección entre un sistema privado de pensiones y uno público, como ocurre en estados Unidos y Canadá. El país condena a la mayoría de los chilenos a enriquecer a las AFPs o recibir la pensión básica solidaria, equivalente a $65.000, a partir de 2008.
Una de las lecciones de la actual crisis financiera es que el capitalismo funciona sin ningún tipo de control: se especula a troche y moche; el ejemplo más evidente, por estos días, lo constituye los espurios juegos financieros de los famosos Hedge Funds, (Fondos de cobertura. Se sabe que la mayoría está quebrada y sólo les pueden salvar los dineros fiscales, inyectados por los Bancos Centrales de Estados Unidos, de Canadá, de Europa, de Australia, de Japón y, ahora, de Rusia en esta crisis se agregan los grandes banco mundial incluso el primero del mundo el citigroup enduado en millones de dólares.
Los Bancos, incluso los más grandes y poderosos, prestaron dinero sin ningún respaldo a personas, según ellos, de dudosa catadura crediticia; ahora recurren al FED para salvarse de una falta de liquidez y poder cumplir sus compromisos. Hoy por hoy, ningún Banco está dispuesto a hacer préstamos a sus congéneres, sólo reciben recursos del Banco Central; las ganancias para los privados, las pérdidas para el Estado.
Según el diputado Sergio Aguiló, ya la mayoría de los bancos participa en el negocio de la Previsión: así ocurre con el Citibank en fusión con el banco de Chile, con el Santander y el BBVA, y otros. Salvo que los diputados de la Concertación quieran incluir al BancoEstado, la mayoría de estas instituciones financieras ya participan de este tan rentable negocio. Yo no creo que en el sistema oligopólico neoliberal exista la libre competencia. En general, se propende al monopolio vía fusiones y nada garantiza que si aumenta el número de participantes, no termine como ha ocurrido con las AFPs, en unos pocos que se reparten la torta. El gobierno perdió la mayoría en el Senado y esta a punto de hacerlo en la cámara de diputados por consiguiente fue rechazada la incorporación de los bancos al negocio de la previsión no así delas compañías de seguro. El ejecutivo no insistirá y se verá obligado a buscar otra forma para tener una AFP estatal
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